Chicos

El día que deje de ser un nene, que me maten. Que me entierren. O peor, que me censuren!
Todo bien con ser mayor, con las responsabilidades, con el ‘deber ser’, de hecho me encanta ser grande, soy libre. Pero, si soy libre ¿por qué no puedo quedarme con las cosas buenas de ser chico? ¿Por qué  esta mal divertirme un poco sanamente? ¿Por qué está mal decir lo que pienso? ¿por qué está mal hacer ruido?

A mi me da bastante lástima el tipo que reclama a los padres de algún nene en el supermercado: “Señor, eduque a su niño!”. ”OK Señor, gracias por el consejo. Juancito: hacé más quilombo ¿dale? Sino cuando seas grande te vas a convertir en un agrio como ese señor.”

¿Por qué hay gente que le cae mal la risa de un chico? ¿Será que cree que el chico no se de cuenta de la realidad que vive? Yo creo que sí se da cuenta, pero se caga de risa igual. Si alguna vez vimos a un nene jugando a la pelota de trapo, ¿crees que no sabe que no se puede comprar una pelota de verdad? Pero no se calienta, agarra unas telas y se hace una pelota que para él es de campeonato. En cambio los grandes, si no podemos comprar ciertas cosas, nos amargamos y nos quedamos en casa encerrados haciendo cuentas y lamentándonos de por qué no hicimos lo que teníamos que hacer, o por qué la vida es injusta con nosotros. No salimos a la rambla, o llamamos a un amigo, pateamos una pelota de trapo… no disfrutamos.

Si un nene quiere algo, patalea. Y si le decimos que no, patalea el doble. Y cuando es un poco más grande, ya no patalea tanto, pero insiste igual. Saca argumentos de la galera. Prueba con miel. Prueba con ácido. Prueba con chantaje. Insiste. Ya de grandes, después de un par de intentos abandona. ¿Los grandes queremos menos las cosas? No, las queremos igual, pero tenemos miedo a perder.

El nene que pierde hoy a la bolita (bue, hoy sería al PS o Wii), esa noche se queda practicando hasta tarde, “Mañana a Luisito lo hago pelota”. El grande muchas veces se va a abatido a la casa. Y si mañana le toca competir de nuevo, vuelve a perder.

El nene mira al futuro y es invencible. Puede ser astronauta, cowboy, o hasta… bombero!!!  Increíble. El grande se queja de que su laburo no le gusta, le pagan poco, y ahí se queda. No emprende, no sueña. No porque no pueda hacerlo, sino porque cree que no puede. El grande se frena. Antes de arrancar algo, ya está pensando todas las cosas que pueden salir mal. No arranca y después ve como va superando los obstáculos. Prefiere no arrancar nunca. El que no hace nada, no puede fracasar. Pero no se da cuenta que es el único fracasado. No el que trata y pierde, sino el que nunca trata.

El chico, si se le ocurre una nueva aventura, junta un par de amigos y la emprende. “Vamos a la plaza que está a tres cuadras, aunque esté lejos y mi mama no me deja salir de nuestra manzana”. Vuelve lleno de barro y convencido que hizo una conquista enorme. El grande, para ir un fin de semana a la playa tiene que planearlo con un mes de anticipación, tiene que levantar mil “peros” de los amigos, y hasta capaz que no lo logra. Ni te digo si es una fiesta lo que hay que organizar.

El nene, si algo le importa de verdad, puede quedar durito al principio. Se le ve hasta en el pelo. Le gusta la vecinita. Por eso la mira y no puede emitir palabra. La vecina lo sabe.  Pero él se va animando, se le va acercando. Le regala un caramelo. Después le dice algo. La mira jugar. La sigue cuando va al almacén. Y hasta capaz que de ahí sale el primer beso, y se lo va a acordar toda la vida. El grande se hace el canchero, hace un par de intentos, le muestra la billetera, y si la mina no cae, larga un “son todas putas” y se borra a buscar un gato.

Si se pelean entre chicos, aunque se agarren a las piñas, al día siguiente ni se acuerdan por qué se pelearon. Entre los grandes, es posible que no se vean nunca más.

Los enanos tienen gran capacidad de demostrar cariño sin medir las consecuencias, sin levantar murallas inquebrantables como nosotros.

Los peques dicen la verdad. Y sino lo hacen, se les nota a un kilómetro.

Los niños se acomodan a los golpes. Cosas que a un grande le llevan miles de horas de terapia, un chico lo soluciona mucho más rápido. Resiliencia le llaman.

Por suerte no todos somos así. O al menos no somos así siempre. A veces nos viene el viejazo, pero lo superamos. La edad es un estado de mente, no de cuerpo. Nos caemos y nos lastimamos la rodilla, pero nos paramos, seguimos jugando, y la rodilla se cura antes que nos demos cuenta.  Y nos reimos hasta que nos duela la panza, y nos tiramos al pasto, y cuando vemos un juguete nuevo se nos iluminan los ojos. Somos los nenes en cuerpo de grande, los que tenemos un motorcito para hacer cosas, los que creemos que todo se puede, y que las excusas son eso, sólo excusas. Así que seguimos intentando.

Mañana vuelvo a hablarle a Fulanita, ya me va a dar bola.

“Un niño siempre puede enseñar tres cosas a un adulto: a alegrarse sin motivo, a estar siempre ocupado con algo y a saber exigir con todas sus fuerzas aquello que desea.”

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  • Mary just Mary

    La mejor manera de vivir la vida es como quieras vivirla. Ni esa idea de que hoy es el último día ni pensando que tenes toooda la vida x delante, hacer las cosas intentando no joder al otro pero buscando tu felicidad sin medir tanto que pasará después, creo que es lo + sano. El secreto es dejar que la vida te sorprenda…
    Estoy de acuerdo “La edad es un estado de mente, no de cuerpo”. Besos.

  • Verònica

    Me encantaria poder hablar con vos.
    juguemosalciclope@hotmail.com

  • http://chicapastiche.blogspot.com chica pastiche.-

    “Bienvenido, Bob”

  • http://fvidiella.com/ Franco

    Pastiche, debo reconocer que lo googleé…

  • http://chicapastiche.blogspot.com chica pastiche.-

    ; )

  • http://www.4manos.com.ar/ Fede Muni

    Gran post! un poco aputazado, pero muy bueno!

  • http://fvidiella.com/ Franco

    aputazado. Buena palabra, la voy a usar!