A veces cruzamos una línea, y después tenemos grandes problemas en volver al otro lado.
No queremos estar en este nuevo lado, así que damos un paso atrás, pero casi instintivamente volvemos a cruzar. Instintiva o autodestructivamente.
Al final terminamos a los saltos de un lado al otro del borde, hasta que da lo mismo de qué lado estás.
Si tenés la suerte de darte cuenta que te da lo mismo, es cuando te empezás a preocupar. No debería ser así, querés estar seguro de qué lado te querés parar.
Y metiendo y metiendo, te parás del lado correcto de nuevo.
Pero ya no mirás del otro lado de la misma manera, y eso te va a seguir preocupando. Siempre.
Cruzar la línea es sólo un paso.




