Para tener mi primer dirección de e-mail, tuve que ir a ANTEL (la empresa estatal de teléfonos en Uruguay).
Cuando digo “ir” me refiero a presentarme físicamente, o sea, sin clics! Salir de mi casa, tomarme un bondi y mostrar mi cara en una oficina. Recorrer las distintas secciones, donde la gente me miraba como bicho raro y no entendían muy bien de qué les estaba hablando, hasta que alguien me mandó a otro piso donde recibio un tipo que los demás veían como una especie de “genio informático”.
Este buen señor tomó mi solicitud, lo que implicaba presentar una Carta Poder del titular de la cuenta de teléfono fijo desde donde yo iba a bajar los correos, llenar un formulario, y luego el gurú de las comunicaciones me dio una una fotocopia donde se detallaba todo el procedimiento que debía llevara a cabo desde la computadora para que pueda recibir y enviar correos electrónicos una vez habilitada la cuenta.
No se podía elegir la dirección (era la primer letra y el apellido, hasta un máximo de 8 caracteres en total), y la contraseña era el número de documento de identidad. El trámite demoraba unos días, los que esperé con ansias, sólo para descubrir que nadie me escribiría un puto mail por largo tiempo.
Toda la familia usaba la misma dirección (olvídense de recibir, pornografia, secretos de Estado, chusmeríos varios, cuentos hot, etc.), nadie sabía si el PC soportaba manejar más de una cuenta, y de cualquier manera el procedimiento era demasiado engorroso para obtener múltiples cuentas.
Lo nostálgico es que en esa época recibir un correo era toda una revolución en la casa, con alguien gritando “llegó un mail, llegó un mail!”
Ustedes supondrán que tengo como como 80 años… no, tengo 32.
¿Cómo fue la historia de tu primer e-mail?




