A raíz de un post en el blog de Leila Macor que me provoco comentar (mi hobbie principal), me explayé tanto que decidí convertirlo en post propio (de ahí lo “de comentarista a blogger”). Así que aquí va.
El tema en cuestión es cómo fragmentamos nuestra vida en la web, cómo leemos menos libros y picoteamos más “basura”, cómo perdemos tiempo en las redes sociales, cómo se genera una cuasi personalidad múltiple al hacer más de una cosa por vez con distintos estados de ánimo y concentración… en fin. La web 2.0 viene a ser como un serial killer de mentes.
Pero yo no coincido con esto, así que hoy me quiero poner en el papel de “contra”, el de defensor de esta nueva web, que tantos detractores tiene, pero que a su vez ostenta tantos adeptos (algunos voluntarios y otros no tanto), y que sin duda está en boca del mundo. Hoy todos tenemos nuestra cuenta en (al menos una red como) Facebook, Twitter, Hi5, Flickr, Youtube, etc.
Cuando el diario era en papel, yo rara vez lo leía completo. Miraba algunos títulos, leía algún fragmento, y si en toda una edición leía un artículo completo, me podía sentir afortunado. Y todo eso lo hacía durante el almuerzo en el bar de la esquina. Tal vez los domingos le dedicaba un poco más de tiempo (a los avisos clasificados!). Cada tanto agarraba un libro, y si tenía la mala fortuna de que no atrapara del todo, el dichoso libro pasaba meses dando vueltas por mi casa, y yo leyendo poco o nada, debido a esa maldita costumbre de terminar todo lo que empiezo.
Ahora en cambio, estoy convencido que leo mucho más. Pero casi no leo libros. Leo artículos completos mucho más interesantes para mi, que no necesitan de 500 páginas para transmitir una idea. Algunos lo hacen en 140 caracteres o menos, algunos en un par de carillas, y algunos en un mini libro de 100 páginas en pdf. Pero más allá del largo, lo importante es el contenido. Leo sobre cosas que me interesan. Aprendo. Ahondo en cosas que conozco, o en aquellas que quiero conocer.
Y lo que mas me gusta, es que me encuentro con cosas de gente sin acceso a una editorial, pero con acceso web. Gente cuya obra no hubiera podido conocer en la era offlne. O gente como Leila, que temporalmente tuvo una columna en un periódico físico, pero que luego tomó otros rumbos y de no ser por la web (o por su libro) me perdería sus genialidades.
Hay mucha mierda, es cierto. Esas cosas se podrían considerar un simple “snack”. Pero hay cosas muy buenas por ahi. Estas se podrían considerar una tostadita en caviar. La tragás en un segundo, pero te queda ese gustito riquísimo. Es además como una cata de vinos (disculpen, deformación familiar). No te tomas una botella entera, pero sí probás varios sabores, muchos de esos excelentes. Los diferencias, los apreciás. Comparás.
Y lo importante, es que puedo dar mi feedback, y que el escritor me de su postura, o me mate con la indiferencia si quiere. Antes, la única manera de demostrar interés era comprando el libro, y si no me gustaba, nada podía hacer más que comentarle a un amigo mi opinión. Ahora sí puedo decir al autor que no me aportó nada, o que me cambió la vida, o toda la gama de grises en el medio. Ahora puedo pelear con un lector de El País que vive en Canadá. Las capacidades de encontrar alguien con quién descargarnos nuestras frustraciones son enormes! Puedo leer las diferentes opiniones y conocimientos de gente increiblemente interesante a raíz de un puntapié inicial del autor.
También se dice que la gente pierde concentración online. La realidad es que a la gente no le falta argumentos para distraerse. Puede ser una mosca, una mancha en el techo, una charla con un compañero de trabajo, la vecina que paso por la ventana. O puede ser Facebook.
Y entre una distracción pasiva, o una comunicativa, una en la que se creen o fortalezcan relaciones, claramente me quedo con la segunda! Como en todo, uno debe priorizar las cosas, tomar decisiones, y frenar ciertas tentaciones. Pero no es algo que no debamos hacer también en la vida offline.
Lo bueno es que, debido a tanto cambio de tareas, estamos aprendiendo a concentrarnos más rápido. Contestamos un mail importante de laburo, al segundo siguiente mostramos empatía con una amiga por su crisis romántica de turno vía MSN, al siguiente nos reimos a carcajadas con un video de Youtube mientras hablamos por teléfono con un primo, y vuelta al trabajo. Ya no contamos con 25 minutos para volver a la concentración. Eso no nos hace más tontos, al contrario, nos hace más inteligentes, más ágiles. Nos permite adaptarnos. Y como todos deberían saber ya, la supervivencia no es del más fuerte, sino del más adaptable al cambio.
En lo personal, la web 2.0 me permitió seguir mi hobby de escritor/opinólgo/sabihondo/filósofo barato/humorista mediocre, y así intentar desarrollar fuertemente cada uno de esos defectos!




