La culpa es nuestra

Hoy, día de Pascuas, día que los católicos recordamos la resurrección de Cristo, me llama la atención lo despistada que está la gente.

No lo digo porque haya gente mucho más interesada en los huevitos que escondió el conejo de pascuas, o el final de la vuelta ciclista, o se la semana de la cerveza, ni de las criollas. Tampoco por los que lo viven como un día más, ni por los que creen que el año empieza mañana. Cada uno está en derecho a creer lo que le parezca adecuado, y en lo personal me parecen muy pintorescas las distintas actividades que se dan en nuestro país y en el mundo en Semana Santa.

El despiste que me preocupa es porque mucha gente totalmente ajena a la Iglesia, y muchas veces a religión alguna, aprovechan estos días para despotricar contra las creencias de millones y millones de personas.

La indiferencia de por sí es preocupante, pero es parte de la libertad de elección, de ideologías o de que simplemente te importe tres carajos. Pero no entiendo por qué mucha gente ajena a nuestra religión siente que puede decirnos en la cara que la resurrección es una gran mentira y que somos unos boludos, o que está mal el celibato de nuestros curas, o incluso que todos los curas son pederastas, o que nuestro Papa es un nazi, y asì infinidad de ataques.

Yo me pregunto cómo reaccionaría alguien si yo le dijera que su padre es un ladrón hijo de mil puta, o que su mujer lo caga a cuernos, o que su hermano caga donde come, o que su hija mató a su hijo antes de nacer. Y sin embargo conozco gente de ese tipo a la que nadie le dice nada, que no le decimos nada, vaya a saber por qué (¿respeto?). Entonces ¿por qué nosotros no agarramos a esa gente que dice estupideces y nos falta el respeto y les decimos: “respetame”, o al menos “metete en tus asuntos, imbécil!”

En cambio, gente que nunca pisó una Iglesia, que no conoce nuestra doctrina, que no tiene ni la más pálida idea del servicio que da la Iglesia a la humanidad (no sólo a sus fieles), que no entiende que la Iglesia es nuestra familia, se sienten libres, no sólo de opinar sino de desportricar, de restar valor,  y de hacer grandes acusaciones sin fundamento alguno.

Y yo me pregunto, ¿quién les dio ese derecho? La respuesta es simple: se la dimos nosotros.

Si alguna vez algún compañerito de clase quiso decir algo de mi mamá, le partí la cara, o al menos lo intenté. Ya de más grande, si alguien quiso hablar mal sin fundamento de alguien que quiero, lo puse en su lugar explicandole lo errado de su pensar, ya sea con voz calma o con la fuerza que me den mis pulmones. Pero parece que los católicos nos olvidamos de defender a nuestra Iglesia. Hace apenas dos días recordamos cuando crucificaron a Cristo y la gente que tanto lo había seguido antes simplemente desapareció del mapa por un tiempo hasta que se reordenaron.

Creo que estamos en esa etapa, en la que estamos escondidos y nos cuesta pararnos y decir que somos católicos y merecemos el mismo respeto que los demás, y que vamos a defender a nuestra Iglesia-

Podemos hacer una autocrítica, claro que si, pero sólo desde el respeto. Es nuestra obligación exigir con uñas y dientes que respeten la religión que elegimos. Debemos exigir tolerancia y hacer valer nuestros derechos. Y si no lo logramos, la culpa es nuestra.

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  • http://federicodelossantos.com Fede

    Parte de la respuesta a tu planteo debería ser Mateo 5, versículos 38 a 42.

    Y la otra parte de tu respuesta, es la evangelización.

  • http://fvidiella.com/ Franco

    Fede, coincido. No podemos usar la ley del talion, y debemos poner la otra mejilla. Ahora, creo que no estamos ni en uno ni en el otro. Creo que para poner la otra mejilla es necesario estar parado frente al que nos pega. Hoy estamos escondidos. Cuando alguien habla mal de nuestra Iglesia o uno de sus miembros, tenemos la obligación de ponernos enfrente, y decir, “yo soy Católico y cuando le pegás a mi Iglesia me estás pegando a mi. Ahora si, si te gusta seguí pegando”. Seguro que más de uno se callaría la boca. Es mucho más fácil pegarle a algo aparentemente abstracto como la Iglesia o un señor vestido de blanco a miles de kilómetros, que a Francisco a Federico que los tenemos enfrente.
    Pero no actuamos así. Los que nos callamos la boca somos nosotros.
    De ahí que creo que es culpa nuestra.

  • http://www.fvidiella.com/2010/04/05/en-defensa-de-mi-iglesia/ En defensa de mi Iglesia « Vidiella tiene blog

    [...] persona comentó ampliamente la publicación de mi post anterior en Facebook.  Como no se acerca ni por las tapas a muchas cosas (insultos, básicamente) que leí [...]

  • http://fvidiella.com/ Franco
  • http://www.facebook.com/wklein.ar Walter Klein

    Querido Franco, coincido con el pasaje de Mateo que hace referencia Fede. Y no te olvides cuando Nuestro Señor Jesuscristo entro al templo y expulso a los mercaderes, ahí se lo vió enojado. De esa manera tenemos que defender el templo de Dios que es nuestro cuerpo, y la Iglesia de cual es cabeza Cristo pero con los que no saben debemos perdonarlos, como cuando el Señor le rogo al Padre que perdone a los que le azotaban diciendo: “Perdónalos, no saben lo que hacen”. Pero nosotros los cristianos sí sabemos lo que hacemos porque la verdad nos ha sido reveleda. Agradezco tu espacio.

  • http://fvidiella.com/ Franco

    Gracias Walter por la visita y el comentario!