Aníbal Durán del Campo

 

El 25/10/2011 se nos fue Aníbal Durán Del Campo, Opo para su familia y amigos.

En estos días, varios escribieron sobre quién fue y lo que hizo, en diarios como El País (dos veces), La Democracia, La República, en muros de Facebook, en e-mails y cartas, en discursos en su sepelio. Se nota que hizo todo eso caminando derecho, y así muchos lo quisieron, y así lo demostraron visitando a sus deudos y dejando su pésame. Hoy, 14/12, la Cámara de Diputados le hizo un homenaje, donde hablaron diputados de todos los partidos políticos y se hizo un minuto de silencio, aunque él nunca ocupó una banca (seguramente porque no se lo propuso) .  

Yo lo conocí hace poco, apenas los últimos 2 de sus 87 años. No voy a contar todo lo que hizo en su vida porque ya lo hicieron varios, además de que no tengo propiedad para hacerlo.

Pero sí quiero contar lo que vi en este poco tiempo. Existen personas que uno puede conocer por años y saber poco o nada de ellos. No fue el caso de Opo. Él siempre estaba dispuesto a contar lo que pensaba a quien quiera escucharlo, y esa es la primer faceta destacable de este gran hombre. Era un hombre culto y con miles de kilómetros de laburo y conocimiento encima, y tenía la necesidad de pasar lo aprendido a todos. No se quedaba con nada y lo transmitía en letras o a viva voz todo el tiempo. Sólo en el último par de meses se empezó a callar un poquito tal vez porque sus sentimientos y sentidos no iban para el lado que él quisiera transmitir. La enfermedad se lo estaba comiendo, y la verdad, no recuerdo una queja más que no haber podido juntarse alguna vez con amigos para una de sus actividades.

El hombre tenía mil y una anécdotas de todas esas actividades que llevó adelante en su vida y se acordaba con lucidez de muchos momentos, aún de la época cuando era todavía un chico. Tenía la capacidad de hacer que quieras escuchar un cuento suyo aunque no sea por primera vez, ya no por el contenido sino por la manera de contarlo.

Se notaba su pasión por las cosas, y la pasión enamora. Y ese amor se veía en todos los que lo rodeaban. En alguna reunión multitudinaria vi como Lucy, su mujer de toda la vida, que había escuchado miles de veces los mismos cuentos, paraba de hablar o escuchar a quien sea que esté al lado, y se quedaba escuchando y mirando a Opo con un amor en sus ojos con el que yo sólo puedo soñar que Sole, mi mujer, alguna vez tenga por mi después de tantos años.

Sus hijos eran capaces de ‘abrir al medio’ a quien quiera contradecir a Opo. Todos, hombres y mujeres íntegros pero bien distintos, se alineaban junto a Opo sin ni siquiera tener que coordinarse. Los nietos por igual tenían adoración por él. Todos o casi todos son hinchas de Rampla. Entre hijos y nietos hay varios veterinarios como él, o estudiantes de esa carrera. Todo eso contrasta con lo que se suele ver por ahí, que los veteranos pasan a ser una molestia que hay que visitar cada tanto en lugar de ser alguien con quien disfrutar.

Cuando hay alguien con una personalidad tan potente y tan exitoso (ésta es para mi la definición de éxito), es común que quienes lo rodean se achiquen, o que él ponga una sombra sobre ellos. Nada más lejano en la familia Durán. Cada uno de ellos tiene algo destacable y una unidad familiar que traspasó la existencia del propio Aníbal. Y poder desarrollar una familia así habla tal vez como ninguna otra cosa de un hombre.

Y se extendía a más de que su familia. Cada vez que yo iba a su casa había alguien visitando a Abu y Opo. Gente de los ámbitos más diversos, y las visitas se multiplicaron cuando la enfermedad empezó a complicar.

Los que lo conocimos hace poco, lo quisimos enseguida. Siempre estaba atento a lo que puedas necesitar, y aunque le dijeras que no, siempre  tenía una galleta, un whisky, o (para los bisnietos) una Fanta o un caramelo. En eso también era incansable. Insistía hasta que encontrara cómo servirte.

Porque también era bastante terco, pero yo creo que el que tiene intereses, ideales, convicciones y pasiones, y no es un poco terco, al cabo del tiempo todo eso se disipa porque siempre hay alguien (cuando no somos nosotros mismos) que va a decirnos que no podemos hacer lo que pretendemos. La clave es saber en qué ser terco y en qué dejarla pasar. Alguien dijo que una idea es loca hasta que alguien la convierte en realidad, y él se encargaba de hacer esa conversión seguido a pesar de las opiniones.

Cuando tenés un Maestro (así, con mayúscula) cerca, hay que sacarle todo el provecho que se pueda. Yo no pude sacarle mucho por conocerlo poco, pero espero que los que sí conocieron sean capaces de ver cuáles son las cosas que necesitan imitar de Opo. Uno no se cruza con gente así todos los días como para andar desperdiciándolo.

En mi, Opo dejó bien metida la idea de que estoy haciendo poco con mi vida. Un poco menos de deliberaciones y mucho más de acciones. Y yo creía que hago bastante! También dejó el deseo de aprender a seguir adelante esas veces que los demás dicen que hay que ir para otro lado, y sobretodo sin enojar a los demás (la parte difícil). Además me quedo con el compromiso de observar y escuchar mejor a sus hijos y nietos, porque se les nota por todos lados su legado. En eso creo que voy bien, porque en menos de dos meses me voy a casar con (mucho más que) una nieta suya.

Chau Opito, te extrañamos.

 

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