Resiliencia (Ver en Wikipedia) es la palabra que me vino a la mente ayer. A grandes razgos viene a ser la capacidad que tienen algunos objetos (ejemplo el acero) para absorber energía (o sea, le ponemos presión, cede, pero después vuelve a su lugar). Pero se usa en psicología también, y mi amiga Ella me habló y hasta me dio cosas para leer del tema hace un par de años.
Mi perra Juana, de 4 años, murió antes de ayer. No le bajó el último celo, y a raíz de eso le encontraron un tumor en el útero. La operaron, y cuando se estaba recuperando le dio un infarto.
A algunos el dolor por la muerte de un perro puede ser absurdo, para otros no tanto, pero es real. Y por eso una de mis primeras preocupaciones fue Guille, de 6 años, y cómo reaccionaría por el tema.
Ayer estábamos jugando y Guillemina se paró en seco y me preguntó, de la nada: “¿Por qué se murió Juana?”
“Channn!”, pensé “Ahora viene la parte dificil.” Pero me acordé lo que una vez me recomendaron cuando los chicos empiezan a hacer preguntas complicadas, como por ejemplo de dónde vienen los chicos: Contestar sólo lo que preguntan, y punto.
Nada de hacerles una explicación complicada sobre la ginecología en siglo XXI, ni boludeces como “de una semillita que puso papi en mami”, ni mentiras como “los trae la cigüeña directo y sin escalas desde Paris”. Y mucho menos, claro, hacer una búsqueda rápida en google y mostrarle fotos de cómo empieza y cómo termina la cosa. Simplemente contesar la pregunta: Vienen de la panza de mamá, no son gases!
Pero ayer no era tan fácil. Le contesté: “Porque la operaron y se murió”.
-”¿Y por qué la operaron?” Inquisidora salio la nenita…
-”Porque estaba enferma”
-”Ah, no parecia enferma” Y puso una carita como de “qué pena”
- “No, no parecia”
Ahi me quedé quietito, rezando al cielo que no se le ocurran más preguntas.
Un minuto después se acordó del juego anterior y estábamos a las carcajadas mientras le hacía cosquillas en la panza.
A pesar de su corta edad, Guille pasó por un par de cosas mucho peores que la ’simple’ muerte de un perro, y siempre tuvo una “resiliencia adecuada”.
Para el que no es psicólogo, no deja de sorprender la capacidad de algunos chicos de sobreponerse a los golpes.
Resiliencia. Qué buena palabra, y cuánto nos falta a los grandes a veces de eso!
¿No venderan resiliencia en grageas?
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Nota: este post se publicó originalmente en mis Notas de Facebook el 14 de mayo de 2009.
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